Me llaman “el tuerto”,
porque con un ojo veo el mundo
y lloro.
Con el otro un día busqué a los dioses
pero les perdi la pista.
Desde entonces no le uso para nada.
Me llaman “el mudo”,
todos los silencios me son familiares.
Me falla la vista:
aquí y allá
veo cosas dispares.
Me llaman “el tuerto”.
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